Para nadie es un secreto que la fiebre del oro que vive el departamento de Madre de Dios -la tercera en los últimos ochenta años- comenzó un día cualquiera del año 2009 cuando un grupo de mineros que operaban en la quebrada de Guacamayo tomó la decisión de cruzar la carretera Interoceánica para “barretear” en un área hasta entonces prohibida pero rica en depósitos aluviales.
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